Blog PIDE
«Sesgo de confirmación»
09/06/2026
Alfredo Aranda Vicepresidente del Sindicato PIDE
El sesgo de confirmación es el aliado más fiel de las ideologías, sobre todo de las más castradoras. Para calibrar su alcance basta con rastrear las redes. Sin mucho esfuerzo se encuentran legiones de personas acomodando cualquier acontecimiento a sus creencias, retorciendo la información hasta hacerla coincidir con sus anhelos. Y si, por la contundencia y claridad de una noticia, no pueden encontrarle tal acomodo, simplemente la obviarán o, los más contumaces, responderán con un argumentario diseñado para justificar su pensamiento y aliviar su frustración.
Sobran las razones para que el pensamiento crítico sea una materia de educación, dado que constituye la manera más efectiva de desprogramar el malware causante de este boicot a la propia libertad de pensamiento.
La mentira se ha normalizado y está generando un sustrato en el que ya empiezan a cuajar, como la mala hierba, posverdades hiperbólicas con las que individuos sin escrúpulos arengan a los suyos para apartarlos de la racionalidad que, supongo, alguna vez tuvieron.
Estamos viendo cómo algunos políticos embusteros proponen tres ideas simples para resolver problemas complejos —lo que constituye un desatino y una fantasiosa ingenuidad— y cómo centenares de miles de personas se lo creen.
Cuando el pensamiento crítico cae bajo el cautiverio de la irracionalidad, cualquier argumento disparatado se convierte en un nuevo trending topic que alimenta la paranoia de quienes han renunciado al esfuerzo de buscar respuestas, contrastar información y analizar datos. Es más fácil asumir la simpleza de un bulo que trenzar la malla con la que atrapar las mentiras y los embustes de aquellos cuyo único objetivo es la manipulación.
No pocos medios de comunicación caen en esta dinámica destructiva. De hecho, cuando lees un titular político resulta tristemente fácil adivinar su procedencia. Acertar el sesgo ideológico es casi seguro y atinar, además, con el nombre exacto de la cabecera resulta altamente probable.
Existen cada vez más medios de comunicación que, cuando tratan asuntos de política, opinan en lugar de informar, atacan en lugar de noticiar y sentencian en lugar de comunicar.
En todos los partidos políticos hay corruptos, y todos ellos deberían recibir una cobertura proporcional en los medios de comunicación. Sin embargo, la línea editorial de cada medio decide qué caso de corrupción merece abrir la portada y cuál queda confinado, en el mejor de los casos, a una página interior para que pase lo más desapercibido posible.
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